Cómo volver a la rutina sin renunciar a ir cómoda

Look cómodo de mujer para volver a la rutina

Septiembre tiene algo raro. Por un lado, apetece recuperar el orden después del verano; por otro, volver de golpe a los horarios, las prisas, el trabajo, las clases, el gimnasio y las mil cosas que dejamos aparcadas en agosto se hace cuesta arriba.

Y justo en ese momento solemos cometer un pequeño error: volver también a la ropa incómoda. A esos pantalones que a las cinco de la tarde ya estás deseando quitarte. A la ropa interior que se mueve, aprieta o se marca. Al conjunto que queda increíble por la mañana pero que, ocho horas después, ya no te parece tan buena idea.

Así que este año te propongo otra forma de afrontar la vuelta a la rutina: seguir vistiéndote como te gusta, pero dando mucha más importancia a cómo te hace sentir la ropa durante todo el día. Porque sí, se puede ir mona y cómoda a la vez.

Empieza por lo que no se ve

Puedes llevar el look más bonito del mundo, pero si la ropa interior no es cómoda, probablemente acabarás acordándote de ella durante todo el día. Y la gracia precisamente es la contraria: que te la pongas por la mañana y te olvides de que la llevas.

Por eso, cuando vuelves a pasar muchas horas fuera de casa, vale la pena fijarte en cosas tan simples como el ajuste, la elasticidad, el tacto del tejido o las costuras antes de comprar. Si una braguita te aprieta, se desplaza o tienes que recolocarla cada dos por tres, no es la que quieres llevar en una jornada de ocho o diez horas.

Tu ropa tiene que acompañarte, no limitarte

Piensa en un día cualquiera de septiembre: sales de casa, coges transporte público o conduces, trabajas sentada varias horas, comes fuera, vuelves a trabajar, haces algún recado y, con suerte, todavía te quedan ganas de hacer algo al llegar a casa.

Tu cuerpo no permanece quieto durante todo ese tiempo. La ropa tampoco debería comportarse como si lo hiciera.

Por eso soy muy partidaria de hacer una pequeña prueba cuando compras ropa: siéntate, camina, agáchate y muévete con ella puesta. Parece una tontería, pero cambia muchísimo la percepción. Una prenda puede parecer perfecta los treinta segundos que estás delante del espejo y convertirse en tu peor enemiga después de cuatro horas sentada.

Recupera los leggings más allá del gimnasio

Si en verano has vivido prácticamente en vestidos y shorts, volver en septiembre a los pantalones puede sentirse casi un castigo. Aquí los leggings son tus amigos, y no tienen por qué quedarse en la bolsa del gimnasio.

Unos leggings cómodos con una camiseta oversize, una camisa abierta, una blazer, una sudadera o unas deportivas resuelven muchos días en los que quieres ir arreglada pero no tienes ninguna intención de pasar ocho horas metida en unos vaqueros rígidos. El activewear salió del gimnasio hace tiempo, y para mí es una de las mejores noticias para nuestros armarios.

Mi regla es sencilla: si una prenda te deja trabajar, caminar, coger el metro, hacer un recado y llegar al final del día sin estar deseando cambiarte, tiene bastantes números para convertirse en una de tus favoritas.

Hazte un pequeño “uniforme” para los días complicados

Este truco me parece especialmente útil cuando vuelve la rutina. Busca dos o tres combinaciones con las que sabes que estás cómoda y guárdalas mentalmente como tu plan B. Por ejemplo:

  • Leggings + camisa + americana. 
  • Pantalón ancho + top básico + camisa.
  • Vestido amplio + deportivas.
Ropa cómoda para volver a la rutina

No tienen que ser looks espectaculares. Tienen que ser esos conjuntos que sabes que funcionan incluso cuando has apagado tres veces el despertador y tienes diez minutos para salir de casa.

Cuantas menos decisiones tengas que tomar por la mañana, mejor. Y lo mismo sucede con la ropa interior. Tener esas braguitas y tops que sabes que funcionan debajo de prácticamente cualquier cosa te ahorra bastantes momentos de “esto se marca”, “esto me aprieta” o “con este pantalón no puedo llevarlo”.

No guardes la comodidad para cuando llegues a casa

Si pasamos gran parte del día fuera de casa, tiene sentido buscar ropa que nos haga sentir bien durante esas horas. Eso no significa ir siempre en chándal ni renunciar a arreglarte. Significa hacerte una pregunta distinta cuando eliges qué ponerte: "¿voy a estar cómoda con esto dentro de seis horas?"

Si la respuesta es sí, adelante. Si sabes que a media tarde estarás deseando quitártelo, quizás merece la pena buscar otra opción. La vuelta a la rutina ya trae suficientes cosas: despertadores, horarios, mails, entrenamientos, listas de tareas y algún que otro "¿cómo puede ser ya lunes?". Que la ropa no sea una más.

En BMY creemos que sentirse cómoda debería formar parte de vestirse bien. Por eso diseñamos ropa interior, activewear y prendas sin costuras pensadas para acompañarte en el día a día, moverse contigo y hacer justo lo que esperamos de nuestra ropa favorita: ponérnosla y olvidarnos de ella. Porque volver a la rutina está bien. Volver a estar incómoda, no tanto.

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